LA
PESTE NEGRA O BUBONICA
San Roque es uno de los grandes santos populares que
ha suscitado devoción en todo el mundo. Existen
levantadas muchísimas capillas y en diferentes
iglesias tienen una imagen de él, gracias a
los favores que a lo largo de los siglos ha concedido
principalmente en épocas de enfermedades y
de peste.
¿Qué es la peste bubónica?
Es una enfermedad infecciosa aguda, causada por la
bacteria Yersinia Pestis. Estas bacterias se encuentran
en los roedores salvajes pequeños y en sus
pulgas.
¿Cómo se transmite?
La enfermedad puede transmitirse a los seres humanos
mediante la mordedura de las pulgas infectadas, la
mordedura directa de los roedores o a través
del contacto directo con los tejidos de los animales
infectados.
También puede ser transmitida mediante aerosoles,
inhalación de la bacteria (bioterrorismo).
Es posible la transmisión de persona a persona.
¿Cuáles son los
síntomas?
Escalofríos, fiebre. inflamaciones en los ganglios
- bubones (adenopatías).
Si la enfermedad fue transmitida por inhalación,
se denomina peste neumónica, ya que se infecta
a los pulmones; en este caso, los primeros signos
de la enfermedad son fiebre, dolor de cabeza, debilidad,
tos productiva.
¿Qué tan pronto
aparecen los síntomas?
Si
la enfermedad fue transmitida por las pulgas, los
síntomas aparecen de dos a ocho días
después.
Si
la enfermedad fue transmitida por inhalación,
los síntomas aparecen de uno a tres días
después.
Hoy
día son raras las pestes en los países
civilizados, porque están bien atendidos los
medios de desinfección, y porque la medicina
y la higiene pública han progresado muchísimo.
Pero antiguamente la peste era frecuente. Algunos
lugares eran especialmente perjudicados por ella,
por causa de las ratas, de las aguas poco sanas o
del clima riguroso. Sobre todo solía propagarse
en tiempos de guerra, o cuando ésta había
acabado; efecto de la suciedad de los campamentos
y de las infecciones que contraían los soldados
viviendo semanas y meses sin poder cuidarse de la
limpieza más precisa. Una de las épocas
en que la peste azotó más los países
cristianos del sur de Europa, particularmente Italia,
fue la primera mitad del 1300, en el año 1347.
También tenemos que atribuirlo al gran comercio
que hubo en aquellos tiempos entre estos países
y los de Oriente (Asia).
Llegaban
a los puertos del Mediterráneo muchos barcos
orientales cargados de objetos primorosos y de riquísimas
especias; pero también de gente que no tenía
medios de aseo, y que difundía las semillas
de muchas enfermedades y fiebres de sus lejanas tierras.
Numerosas ciudades y regiones fueron víctimas
de epidemias horribles.
Pues
bien: en aquella época vivía un santo
que curó innumerables apestados con la señal
de la Cruz: San Roque.
EL
NACIMIENTO, NIÑEZ Y JUVENTUD
Nació en Francia, en la ciudad de Montpellier,
en el año 1295 o (1345), de padres ricos. "Roc"
o "Roque" era seguramente su apellido. No
sabemos su nombre de pila.
El nacimiento de Roque habría sido fruto de
un voto hecho por sus padres que sufrían por
no tener hijos.
Las
leyendas cuentan que Roque era hijo del gobernador
del rey de Mallorca en Montpellier llamado Juan y
que, en el momento del nacimiento, llevaba una cruz
roja en el pecho prefigurando su destino. Su madre
se llamaba Liberia.
Lo que nos cuentan los antiguos historiadores es que,
ya desde niño, Roque se distinguió por
su corazón piadoso, de tal manera que encantaba
a sus padres y a cuantos le conocían.
A
sus veinte años quedó huérfano
de padre y madre.
Encontrándose
dueño de una fortuna considerable, se acordó
del consejo evangélico de Jesucristo: "Si
quieres ser perfecto, da tus bienes a los pobres y
sígueme" (San Mateo19,21). Y he aquí
que al momento lo puso en práctica.
Como
no tenía hermanos, cedió una parte de
la herencia a un tío paterno, juntamente con
todos los derechos que le pudiesen pertenecer desde
entonces en adelante. Y hecho esto, vendió
secretamente el resto de su hacienda y distribuyó
su precio entre los necesitados.
LA OPCION TOTAL
POR CRISTO Y SU VIAJE HACIA ROMA
Despegado
totalmente de los bienes de la tierra, con este deseo
de seguir en la pobreza a Jesús y también
de enseñar la fe cristiana, se vistió
de peregrino y emprendió viaje hacia Roma.
Pidiendo
limosna y sintiéndose feliz aún cuando
se la negaban groseramente, llegó a Italia
Central donde la peste estaba haciendo grandes estragos.
En
la zona de la Región Toscana, Roque se hospedó
en la ciudad de Acquapendente y, en el hospital, se
puso a servir a todas aquellas personas que estaban
infectadas de la peste, logrando curaciones admirables
e inexplicables.
Seguramente, San Roque aprendió nociones de
Medicina en su ciudad natal, que puso luego en práctica
durante sus peregrinaciones. Recordemos que Montpellier
es una de las ciudades más prestigiosas de
Europa en temas médicos, allí está
la reconocida Universidad de Montpellier, que fue
fundada en el siglo XIII. Y comenzando su tarea, visitó
uno por uno todos los lechos, haciendo la señal
de la Cruz sobre cada uno de los apestados. Todos
ellos se sintieron curados al instante. Inmediatamente
salió Roque a la ciudad y curó, de la
misma manera, a todos los enfermos que había
en las casas.
Se comenzó a correr la voz de que era un Ángel
enviado del Cielo, para librarlos de la epidemia.
Querían hacerle una gran demostración
de homenaje. Pero él, para evitar toda suerte
de honor, huyó secretamente.
Se cuenta que en la ciudad italiana de Cesena, antes
de llegar a Roma, nuestro santo curó a muchas
personas de la peste y en particular a un cardenal,
y que éste lo presentó luego al Papa.
Una pintura de la Catedral de Cesena recuerda el hecho
milagroso.
LA
LLEGADA A ROMA
Finalmente
llegó a Roma. También encontró
a la Ciudad Eterna atacada por tan horrible azote.
Fueron numerosas las curaciones que hizo allí.
Asimismo seguía atendiendo a sus hermanos enfermos
en los alrededores de Roma y en otras ciudades italianas,
adonde se trasladó expresamente.
EL
REGRESO Y LA ENFERMEDAD
Cuando
se dispuso a regresar a su país, pasó
por la ciudad de Rímini, hoy convertida en
una de las grandes ciudades turísticas de veraneo
en Italia.
En
Piacenza tuvo un sueño en el que oyó
la voz de Dios que le decía: "Siervo fiel,
ya que has tenido bastante ánimo para dedicarte
al cuidado de los enfermos por mi amor, tenlo para
sufrir la prueba que te voy a enviar".
Al despertar se sintió atacado de una fiebre
abrasadora y de unos dolores intensos, y levantó
el corazón al Cielo, no para quejarse, sino
para dar gracias a Dios bondadoso, pues le daba una
ocasión de sufrir por amor suyo. Lo colocaron
en el hospital entre los demás enfermos víctimas
de la epidemia. Sus dolores se agravaron más
todavía, de manera que no podía evitar
dar grandes gritos.
Cuando
se dio cuenta que molestaba a los demás enfermos,
se levantó de la cama y se dispuso a salir
fuera de la ciudad hacia alguna cueva o refugio en
que no molestase a nadie. Burlando la vigilancia del
hospital, aunque con mucha dificultad para caminar,
llegó a un bosque vecino en donde encontró
una pequeña cabaña abandonada, que le
sirvió de asilo.
Sintiéndose devorado por la sed, alzó
los ojos al Señor, diciendo: "¡Oh
Dios de misericordia!, te doy gracias porque me permites
sufrir por vos; pero, ¡oh Señor¡,
no me abandones en mi tribulación".
Al
instante vio salir de una roca inmediata una fuente
de agua cristalina y abundante. Apagando su sed con
aquella agua milagrosa y lavándose frecuentemente
en ella, se fue curando poco a poco. Pero....
EL
PERRO Y SAN ROQUE
Seguro
que tus padres o tus abuelos te habrán ya contado
la preciosa narración del perro de San Roque.
Si te fijas en la estampa, nuestro santo va acompañado
de un simpático perrito ¿Quien fue este
perro?. Pues ... fue su salvador.
Cuando nuestro santo se trasladó al bosque
para no infectar de esta manera a los vecinos de Piacenza,
recibía cada día la visita de un perro
que le llevaba un pancito. El animalito lo tomaba
cada día de la mesa de su amo, un hombre bien
acomodado llamado Gottardo Pallastrelli, el cual muy
pronto se dio cuenta que uno de sus perros arrebataba
cada día de la mesa un pancito y lo llevaba
más allá de los campos. Lo siguió
y vio con sorpresa cómo el animal ponía
el pan en las manos de Roque. El señor pensó:
"Éste debe ser un Santo, pues Dios le
sustenta de una manera tan maravillosa". Se acercó
y le preguntó quién era. Roque le respondió:
"Apártese de mí, que puedo contagiarle
de peste".
Pero Gottardo, reflexionando, se convenció
de que se hallaba delante de un gran siervo de Dios,
y comenzó a hablar con Él sin temor,
y enseguida se hicieron grandes amigos, de tal manera
que quiso imitarlo en su vida de pobreza y penitencia
-como lo hizo efectivamente-
Renunció Gottardo a toda su hacienda y determinó
vivir en una cueva del bosque, completamente olvidado
del mundo y entregado a la contemplación de
las verdades divinas.
Al
mismo tiempo Roque lo fue instruyendo en el camino
de la perfección y no lo dejó hasta
que le vio entrenado en su nueva y santa vida.
EL
REGRESO DEFINITIVO A LA PATRIA
Mientras
tanto, Roque había oído la voz de Dios
que le ordenó: "Roque, fiel siervo mío;
ya que estás curado de tu mal, vuelve a tu
patria, y allí harás obras de penitencia;
y prepárate para merecer un lugar entre los
bienaventurados del Paraíso". En efecto,
se sintió completamente curado y decidió
obedecer el mandato del Cielo.
La
ciudad de Montpellier estaba en guerra, y así,
al llegar, lo tomaron por espía.
LA
CARCEL
Lo
apresaron injustamente y después de hacerlo
ir de tribunal en tribunal, lo metieron en un calabozo
sucio y oscurísimo en donde vivió cinco
años, ejercitándose en el ayuno y la
oración, en la que pasaba todo el día
y la mayor parte de la noche.
Finalmente,
una luz misteriosa iluminó el calabozo, y Roque
oyó que Jesucristo le decía: "Ha
llegado tu hora, y quiero llevarte a mi gloria. Si
tienes alguna gracia que pedirme, hazlo ahora mismo".
Como
habían pasado unos cuantos años y el
Santo estaba muy cambiado y desfigurado por la enfermedad
y el cansancio, nadie lo reconoció y él
tampoco quiso decir quién era. Se presentó
como un pobre peregrino; pero nadie le creyó.
LA
MUERTE
El
santo prisionero le pidió nuevamente el perdón
de sus culpas y que fuesen preservados o librados
de la peste aquellos que acudiesen a su intercesión.
Poco después murió dulcemente; era el
1327 o (1376).
LA
GLORIA
Del
calabozo salían unos rayos de luz brillantísima.
El cuerpo del Santo resplandecía y a su lado
se encontró una tablilla con esta inscripción:
"Todos los que imploraren la intercesión
de Roque, se verán libres del terrible azote
de la peste".
La nueva de estas maravillas se extendió rápidamente
por la ciudad. La gente quería ver al Santo.
Su
tío reconoció el cadáver por
la cruz roja que tenía en el pecho, y dispuso
que se le hiciesen exequias triunfales, en las que
tomó parte todo el pueblo.
El
cuerpo fue sepultado primeramente en la iglesia principal,
y más tarde en una capilla edificada expresamente
en honor de San Roque. Hoy es una iglesia magnífica,
adonde acuden devotas muchedumbres para pedir su protección
contra las enfermedades contagiosas.
DEVOCION
POPULAR Y UNIVERSAL
Desde
finales del siglo XIV, se convierte en uno de los
santos más populares para pedir su intercesión
ante Dios. Es el abogado por excelencia contra la
peste y todo tipo de epidemias. El Papa Gregorio XIII
lo declaró santo en el siglo XVI y en muchos
pueblos y ciudades lo veneran con gran devoción
después de que él haya intercedido entre
los habitantes.
Son
muchas las iglesias parroquiales en el mundo que tienen
una imagen de San Roque en los altares.
Los
dos principales templos de todo el mundo dedicados
a San Roque están en Montpellier y en Venecia.
También en muchas poblaciones hay pequeñitas
hornacinas con la imagen del santo que en forma de
capillitas están instaladas en las calles.
ONOMASTICO
Y PATRONAZGO
San
Roque es junto a San Sebastián el abogado por
excelencia contra la peste y todo tipo de epidemias.
San Antonio Abad, patrón de los animales, y
debido al "gran trabajo" que tiene en proteger
a los muchos que hay en el mundo, "da permiso"
a San Roque para que se ocupe de los perros, es por
ese motivo que es el protector de todos los perros.
Se le puede pedir amparo para que no sean abandonados
ni maltratados.
También
en algunos países es el patrón de los
picapedreros y marmolistas.
Su
onomástico es el 16 de agosto.
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