La espiritualidad de una Congregación puede definirse como aquella totalidad orgánica de doctrina y práctica que los Fundadores dejan como herencia a cuantos quieren caminar sobre sus huellas.
Ya que aquella los especifica y distingue, ellos deberán conocerla para después encarnarla en la vida e irradiarla en las obras.
1. CONOCERLA
Esto requiere volver a los orígenes de la Congregación para buscar aquello que ocupa un rol primordial en su espíritu, esto es el fin que le fue asignado por el Fundador y aprobado por la iglesia. Se trata del fin
especial, de aquel particular carisma con el cual el Espíritu, al inducir al Fundador a la nueva institución, le comunica al mismo tiempo una espiritualidad propia a transmitir a los otros. De hecho, siendo la vida religiosa un modo de configurarse a
Cristo, cada Fundador, al dar vida a un nuevo Instituto, aún sintiéndose llamado a hacer revivir en él al Cristo total, atraído y conquistado por un particular aspecto suyo
misericordioso, enviado por el Padre, educador, etc., lo propone a sus seguidores de modo particular.
Esta elección, típico fruto del impulso del Espíritu que le comunica la comprensión especial de un particular misterio, determina las diferencias verdaderas entre las diversas Congregaciones.
Errico, admirador e imitador de S. Alfonso, se esforzó por asimilar lo mas posible su espíritu; pero, dócil a la acción del Espíritu, le aportó aquellas notas personales que se reflejan en el espíritu comunicado a su Congregación.
Atraído particularmente por Cristo enviado por el Padre a traer el fuego del Amor sobre la tierra, y por su deseo ardiente de trasmitirlo,
"Yo he venido a traer fuego sobre la tierra ¡y como desearía que ya estuviera ardiendo!",
fue totalmente conquistado por ello, de tal modo que ello se transformó en la clave de su edificio interior y de su acción en el mundo de las almas.
Tal espíritu trasmitió a sus congregados para que lo vivieran y lo trasmitieran al Pueblo de Dios con
"obras de amor".
De un acercamiento a varios textos de diversas redacciones de las
Reglas, resultará más evidente su pensamiento, cuyo hilo conductor puede sintetizarse así:
Dios ama a los hombres y desea "excitar" y
"dispensar" su Amor, sirviéndose, para hacerlo
conocer, del Corazón Divino de Jesús "como único medio"y del Corazón de María,
"como canal"para hacerlo llegar a los hombres. Pero los Sagrados
Corazones se han servido en todos los tiempos de
"colaboradores", y en estos últimos tiempos llaman a colaborar a los Misioneros de los Sagrados Corazones.
En un texto anterior a las Reglas, el Fundador sintetiza su pensamiento sobre el espíritu de la Congregación El escribe:
Luego, si el Señor quiere tal obra (la Congregación), he aquí el fin por la cual la quiere; primeramente porque su Corazón ha venido adrede a traer el fuego del Amor Divino a la tierra para encenderlo en el corazón de los hombres.
Lo mismo quería el Corazón de María que es llamada Madre del Santo Amor.
Secundariamente, porque el Corazón de Jesucristo, viniendo a la tierra para encender este fuego, no ha esperado otra cosa más que improperios, injurias, miserias y maltratos. Por eso todos los alumnos de la naciente Congregación están obligadas a promover, primero en ellos mismos y después en los otros, el fuego del amor de Dios, y encenderlo tanto como puedan sus fuerzas, sin decir jamás basta y según el propio oficio y la propia condición. Para llegar a tanto, no deben cansarse jamás de predicar la palabra divina, ni tediarse de escuchar confesiones, ni ruborizarse al llamar a los mas viles e inmundos pecadores y pedirles con humillaciones que se conviertan, ir junto a ellos, rezar por ellos y hacer rezar a toda la casa, y después de haber puesto en ejecución todos los medios de la caridad cristiana, aún los extraordinarios (porque esta Congregación viene a imitar al Corazón de Jesús y de María, los actos extraordinarios de caridad deben formar su preciosa dote), llegar a la corrección y a la reprensión. Después de haber hecho tanto a favor de ellos, no deben esperar más que maltratos, villanías, injurias, calumnias, infamias, persecuciones y aún la muerte, y todo esto cada uno y en todas partes la deberá abrazar como obligación del propio Instituto y por voto.
a) El Corazón de Jesús.
Nuestro divino Redentor quiere que su Sacratísimo Corazón fuera atravesado por la lanza, para que, como reflexiona S. Bernardo, apareciera a los hombres la invisible herida de su Corazón cansado por el amor hacia ellos.
El amor fue lo que, al decir del Profeta Isalas (cap.
53), lo llevó a ser el más despreciado y dolorido, para resarcir aquel honor debido a la Majestad divina, ultrajada por los pecadores.
El amor lo hizo cargar sobre si toda la pena debida a nuestros pecados, y finalmente el mismo amor consumó el sacrificio de si mismo sobre la cruz, para santificar a su Iglesia, como advierte el Apóstol: Este es aquel fuego de amor que Él ha venido a traer a la tierra y quiere que sea grandemente encendido en nuestros corazones, como se expresa la Iglesia (en la misa del sábado después de Pentecostés)
b) El Corazón de María.
Al Corazón de Jesucristo es totalmente semejante el de su Madre, como Aquel que, al decir del
Angelico, tuvo de su Hijo una plenitud mayor que la de todos los Santos.
Por tal motivo, el Corazón de la virgen María, solicito por la salud eterna de los hombres, en los días precedentes a Pentecostés imploraba el fuego del Divino Amor para los Apóstoles y Discípulos de su Hijo, como aquellos que debían ser los cooperadores para la salud de las almas.
c) Misioneros de los Sagrados Corazones.
Habiéndose, para tal obra (dispensar su amor en los corazones de los hombres), servido de cooperadores de los divinos misterios, en estos últimos tiempos se han complacido en llamarnos a nosotros para distribuir el Santo Amor a los pobres de corazón.
d) Fin de la Congregación
Luego los Congregados de este naciente instituto deberán, con todo empeño, estudio y oración, encender en sus corazones y en los (corazones) de los otros, el fuego del Amor de Dios.
Y en las Reglas presentadas en 1838 a la Santa Sede: Entonces el fin primario de nuestro Instituto es exactamente fatigarse con la pérdida de todo, no excluida la propia vida cuando fuera necesario, para hacer conocer a todos los pueblos el ardentisimo amor de los Sagrados Corazones hacia nosotros y para encender en los corazones de los hombres el santo divino amor.
Tales conceptos expresados en la introducción de las Reglas, los encontramos repetidos en sus escritos, toda vez que habla de la Congregación y de su misión.
Este Instituto tendrá por objeto la gloria de los Sagrados Corazones de Jesús y de María;
Estará dedicado a los Sacratísimos Corazones de Jesús y de María; deberá
hacer conocer al mundo cuánto lo han amado estos Divinos Corazones; Dios, por medio de la Congregación,
quiere hacer conocer al mundo perdido hasta donde llega su amor.
Está dirigido exclusivamente a las obras del ministerio apostólico, sin escatimar, los sujetos, de afrontar las fatigas más improbas para promover siempre más la gloria de Dios y el beneficio de las almas, precisamente en los lugares mas desprovistos de ayudas espirituales, instilando en los fieles la devoción hacia los Sagrados Corazones de Jesús y de María,
porque por su Corazón destrozado y por el Corazón de su Santísima Madre, su Divina Majestad quiere difundir su amor sobre la tierra. El fin de la Congregación es difundir el amor de los Sagrados Corazones.
SUS SEGUIDORES
a. Misioneros
Aunque toda la Iglesia, tal como lo ha recordado el Vaticano II, es misionera, nuestra Congregación lo es por vocación especial, siendo una Congregación religiosa apostólica.
Pero la finalidad apostólica no la especifica en la Iglesia, ya que es común a muchos otros Institutos; por eso se necesita agregar:
b. de los Sagrados Corazones de Jesús y María.
Es de los Sagrados Corazones que toma su origen nuestra espiritualidad y de ese modo especifica nuestra
misión.
Hemos surgido como respuesta a la religiosidad pavorosa del Jansenismo y aprobados para ser mensajeros del amor. Debemos
hacer conocer a todos los pueblos el ardentisimo amor de los Sagrados Corazones hacia nosotros y encender en el Corazón de los hombres
"el fuego del Amor divino".
Esto aparece de nuestro nombre, del fin que nos ha sido asignado por el Fundador y aprobado por la Iglesia, y de la enseñanza del mismo Venerable Padre.
En las Reglas para las Misiones ordenaba despertar de manera especial en la mente del pueblo la devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, realizar siempre, en las Misiones
la predicación sobre el Corazón de Jesús y sobre los dolores de María. Asimismo habría deseado, como había prescripto en las Reglas, que en todas nuestras iglesias, el jueves y el sábado, se realizara un discurso
sobre el Sagrado Corazón de Jesús Sacramentado y
sobre el Corazón de María. Pero tal predicación fue considerada demasiado difícil para aquel
tiempo.
Por tanto, el fin de la Congregación es el de infundir en los fieles la devoción hacia los Sagrados Corazones de Jesús y de María.
Pero, ¿de que modo?
Más que aconsejar prácticas devocionales, sus congregados deben predicar lo esencial de la devoción:
el ardentisimo amor de los Sagrados Corazones. Ésta es la enseñanza de la
Iglesia y estos son los presupuestos doctrinales sobre los cuales se basa nuestra Congregación.
La Cristología, especialmente la post conciliar, poniendo una atención más viva en la relación
"Persona
Corazón de Cristo, favorece no sólo una mayor precisión de lenguaje, sino también la presentación del culto al Sagrado Corazón de Jesús (y también de María) en su aspecto especifico, que no es el corazón, sino aquello de lo cual es corazón es símbolo, o sea el amor.
En lo que respecta al Sagrado Corazón de Jesús, él es presentado como
clave de lectura de la sacramentalidad de Cristo; Cristo Sacramento del amor de Dios y de sus grandes cualidades: amor gratuito, amor eficaz y creativo, amor perenne y sin arrepentimiento.
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús antes de ser revelación del amor humano y divino de Jesús por Dios y por los
hombres, es manifestación del amor infinito de Dios, Uno y Trino, del cual Jesús, con su costado abierto sobre la Cruz, es la revelación suprema y definitiva.
El Corazón de Jesús es símbolo del amor de toda la Trinidad por el hombre: amor que esta en la base de toda la historia de nuestra salvación.
Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único, el cual encarnándose, con su obra redentora, especialmente con el sacrificio de la vida, lo ofreció a la humanidad.
Su muerte fue fuente benéfica de gracia para todos los hombres, representada por la sangre y el agua brotados de su Corazón atravesado por un soldado romano.
La devoción de este Corazón Traspasado, por siglos, sólo interesó a almas privilegiadas en la Iglesia, y de ÉL Dios se sirvió cuando, enfriándose la caridad en la tierra por obra especialmente del Jansenismo, quiso presentarse a los hombres para atraerlos al culto de su Amor.
Éste - escribía S. Margarita María: es el verdadero y primario fin de la devoción: conducir las almas a su amor.
La consideración del amor humano, sensible del Corazón de Jesús, ayuda al hombre a sentir a Dios más cercano y a descubrir su amor infinito en el corazón de un hombre.
De hecho, el Hijo de Dios, con la Encarnación, naciendo de María Virgen, se ha hecho verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros, excepto en el
pecado, ha trabajado con manos de hombre, ha pensado con mente de hombre, ha actuado con voluntad de hombre, ha amado con corazón de hombre.
Pero, para excitar afectos de santo amor, Dios se sirve no sólo del Corazón de Jesús, sino también del
Corazón más semejante a él entre las creaturas, el Corazón Santísimo de María.
María fue semejantísima al Hijo en todas las virtudes; especialmente en la caridad, la reina de todas.
En la base de su vida, sentimientos y oficios de Madre Corredentora y Mediadora Universal, está la
eximia y singular caridad de su alma, su ardentísimo amor hacia Dios y Jesucristo su Hijo, y la materna piedad hacia los hombres, redimidos por la Sangre
Divina.
Llamada a través de la participación escondida y al mismo tiempo incomparable a la misión mesiánica de su Hijo, ha sido llamada de modo especial a acercar los hombres a aquel amor que Él ha venido a revelar. Y, habiendo merecido la divina misericordia para todos los hombres, mediante el sacrificio de su Corazón, es también la más idónea
para atraer a aquellos que aceptan más fácilmente el amor misericordioso de parte de una Madre. Por eso la Iglesia la invoca, con materna solicitud y con fervor confiado, para obtener la divina misericordia sobre nuestro mundo, segura de que en el Cielo
con su materna caridad cuida de los hermanos de su Hijo todavía peregrinos y puestos en medio de peligros e inquietudes hasta que no sean conducidos a la patria feliz.
Los Misioneros de los Sagrados Corazones son llamados a anunciar al mundo este Amor de Dios en Cristo y de María, su Madre.
2. ENCARNARLA
Una transmisión convencida, coherente y fructuosa del amor de los Sagrados Corazones, presupone que se lo posea.
Sería vana ilusión querer comunicarlo sin poseerlo.
Por eso para que cada Congregado pueda encender el amor divino en el corazón de los otros con facilidad, es necesario que arda primero de este santo Amor.
Pero el amor es fruto del conocimiento. La voluntad se determina al bien sólo después de haberlo conocido. Así también el amor sobrenatural de caridad hacia Dios.
El Congregado tendrá inmediatamente este amor, cuando conozca a Dios Sumo Bien y a Aquel que El mismo nos ha enviado, Nuestro Señor Jesucristo.
No es posible conocer a Dios, tal como es, aquí en la tierra, pero el se ha hecho visible en Jesucristo, su Hijo Encarnado, manifestación visible del amor misericordioso de toda la Trinidad, durante toda su existencia terrena y particularmente en su misterio
pascual.
Por eso, el profundo conocimiento del Amor de los Sagrados Corazones de Jesús y de María y
la eminente ciencia de Jesús Crucificado, deberán ser materia de estudio de los congregados.
Este profundo conocimiento no será fruto de un saber
intelectual sino, entendido bíblicamente, será introducción al amor y generador de amor intenso que debe empujar hasta transformarse en la persona amada, como lógica consecuencia del amor verdadero que tiende siempre a la semejanza.
Cada uno de los nuestros, pues, debe fatigarse de tal modo para transformarse en Jesús y María que los pueblos, con sólo mirarlo, deban concluir a la fuerza.
Transformarse en Jesús y María significará tender, en un continuo esfuerzo, a asimilar sus sentimientos y actitudes, especialmente el espíritu de fervor, sacrificio, amor y misericordia, para ser signo y testigos de su amor en medio del Pueblo de Dios, para dar mayor credibilidad a la acción apostólica y llegar a ser verdaderos Misioneros de los Sagrados Corazones.
Pero el amor no se detiene en la semejanza, tiende a la unión de tal modo que, en el amor de caridad, es definida consagración, esto es don total de si en la más completa renuncia, para vivir únicamente para la persona amada y sus intereses.
A esta pureza de amor debe tender la devoción a los Sagrados
Corazones.
El Fundador la define espíritu "de victima y holocausto"
y exhorta a los Congregados a vivirla cada
día.
Allí la victima debía pasar por varios estados: oblación (esto es, presentada antes de ser inmolada), consagración (sustraída del uso profano y puesta completa perennemente al servicio de Dios), inmolación (muerta), consumación (destruida completamente por el fuego).
Consagrándose a los Sagrados Corazones, el congregado se ofrece como victima y holocausto.
El es:
La victima (creatura racional y volitiva) y, al mismo tiempo el sacerdote que ofrece: la oblación de si mismo.
Oh Corazones adorados de mi amabilísimo Jesús y de mi dulcísima Madre María, sede de todas las virtudes, fuerte inexhausta de todas las gracias, yo N. N., su indignísimo siervo, les ofrezco todo lo que yo soy.
Y se consagra: Acepten de esta manera el deseo que tengo de consagrarme enteramente para honor y gloria de sus corazones Sacrosantos. Les consagro mi persona, mi vida mis acciones... De Ahora en adelante este corazón será todo de ustedes, y las creaturas no tendrán ninguna parte de él, porque ni siquiera lo merecen. Serán, en adelante, todo para mi, ya que yo no quiero vivir sino para ustedes.
Y se inmola: queriendo ser de ahora en más victima consagrada a su gloria hasta consumirse
enteramente consumida por las santas llamas del amor de ustedes.
Para que el ofrecimiento sea agradable a los Sagrados Corazones y la
Victima voluntaria pueda conseguir la pureza de su amor y el
ingreso en sus Corazones, es necesario que
"viva sin mancha alguna de pecado", y los sirva
en el desempeño del ministerio apostólico, en la exacta observancia de las Reglas de nuestro Instituto y de los votos simples de pobreza, castidad y obediencia y persevere en ella hasta la muerte.Sin ambicionar cargo y dignidad alguna fuera de la mínima Congregación,
en el perfecto olvido de si mismo, haciendo todo lo que sea digno de Ellos. Porque es
este el único camino que puede dar la entrada en sus Corazones
adorados.
Vivir auténticamente la devoción a los Sagrados Corazones significa no sólo creer en su Amor, sino también corresponderles con una vida de unión expresada y confirmada por la consagración.
Esta vida de unión se completa con la reparación que
comienza purificando de las culpas, la perfecciona asociando a los padecimientos de Cristo, la lleva a su plenitud con el ofrecimiento de sacrificios por los hermanos.
Es de fe que Cristo es el único Reparador, y siendo El Dios no tiene necesidad de que alguien se una a Él como Reparador, ni de algo que se deba añadir a su obra.
Pero Él mismo quiere asociada a su Madre en esta obra de Amor, y sin quitar ni agregar nada al valor infinito de su obra, pide también nuestra
colaboración.
San Pablo ha escrito: "Tengan los mismos sentimientos que Cristo Jesús", y los sentimientos de reparación fueron de los más intensos del Corazón de Jesús y de María, desde la Encarnación hasta en Calvario.
Los Misioneros de los Sagrados Corazones deben transformarse en Jesús y en María hasta tener sus mismos sentimientos, incluso el de la reparación.
Tal espíritu de reparación, aún si no es enunciado explícitamente por el Fundador en las Reglas, está propuesto por él en el espíritu de mortificación que deben poseer sus congregados.
La idea de la reparación debería haberla recordado el escudo ideado para adosar en el pecho de los congregados, no aprobado por la santa Sede.
Consistía en un ovalo, delimitado por espinas con dos ángeles adoradores de los Sagrados Corazones en el centro, circundados por luz y por fuego.
Las espinas simbolizan las ofensas que hieren continuamente a estos Corazones, mientras que los ángeles orantes representan a lo Misioneros de los Sagrados Corazones, almas reparadoras, que aparecen sobre la humanidad le fuego y la luz que provienen de los Corazones de Jesús y de
María.
Con un apostolado intenso y generoso deberán colaborar
enmienda pública del mundo corrupto y llevar las almas a Jesucristo.
¿Y esto no es reparar los daños del pecado y hacer de modo que los hombre no rechacen los homenajes debidos a ellos?
No deberán cansarse jamás de predicar la palabra divina, ni tediarse de escuchar confesiones, ni ruborizarse al llamar a los más viles e inmundos pecadores y pedirles, con humillaciones, que se conviertan, ir junto a ellos, rezar por ellos y hacer a toda la casa, y después usar
los actos extraordinarios de la caridad
3. IRRADIARLA
Quien quiere inscribirse en el nuevo instituto escribía el Fundador, debe tener como mínimo en su corazón la voluntad de separarse de todo afecto y ligarse con el vinculo de la caridad, a los Sagrados Corazones de Jesús y de María.
Los novicios, pues, durante el año de prueba, deberán tender a desprenderse de todo y de todos, y a
sepultarse vivos en los Corazones de Jesús y de María para predicarlos en medio del mundo.
Sepultarse vivos y encerrarse en los Sagrados Corazones, como escribe frecuentemente el Fundador deberá ser solamente el inicio de un intenso trabajo espiritual que deberá conducir a
encerrarse, arder, incendiarse, incinerarse en el fuego del
Amor Divino, para encender este fuego en el corazón de los otros.
Por tanto, encarnar el espíritu de la Congregación tiene un fin no sólo ascético, sino eminentemente
apostólico.
Concluye que un Misionero de los Sagrados Corazones que quiera vivir coherentemente su propia vocación, deberá distinguirse por el estilo de vida y de acción.
Los verdaderos congregados de este Instituto - escribía el Fundador:
son aquellos que resplandecen por la sabiduría y la santidad no sólo delante de Dios, sino también delante de los hombres, y tienen un filial amor a los Sagrados Corazones de Jesús y de María.
Un verdadero Misionero de los Sagrados Corazones; modelando su vida sobre la de los Sagrados Corazones hasta reproducir sus sentimientos, deberá resplandecer por amor, dulzura, delicadeza e ánimo, misericordia, dedicación generosa e incondicional a las almas, a las que sirva y busque
"sin cansarse jamás". Frecuentemente llamaba a sus hijos a tener ese estilo de vida, tal como aparece en sus Cartas, recordándoles la necesidad del santo testimonio de su vida.
La caridad, aprendida en la escuela de los Sagrados Corazones, deberá resplandecer en las relaciones humanas, deberá ser la nota dominante en la actividad pastoral de la Congregación.
Particularmente en el apostolado de la palabra, los Misioneros de los Sagrados Corazones deberán,
instilar en los fieles la devoción hacia los Sagrados Corazones de Jesús y de María, pero de un modo accesible a todos.
No "devotería" sino mensajes de luz y amor. Los hombres deberán comprender
cuanto los han amado estos Divinos Corazones.
Dios Amor nos ha amado en Jesucristo, nos ama continuamente y está siempre dispuesto a utilizar la misericordia con nosotros, particularmente mediante el
canal de la misericordia, o sea el Corazón de la Madre de la Misericordia, llamada de modo especial,
como escribe Juan Pablo II, a acercar a los hombres el amor que Él ha venido a
revelar.
Tal mensaje de amor recordará especialmente al hombre que, alejándose de Dios, ha sido
empujado a alejar de si mismo y de sus semejantes, todo lo que viene de Él, une a Él y conduce a Él: la verdad, la virtud, la paz, la
justicia, que en lo Alto hay Alguien que siempre lo ama y desea una respuesta de amor, que no sea solamente intimista, sino del más vasto respiro.
A la escuela del amor de los Sagrados Corazones, el hombre aprenderá a reconocerlo y amarlo en cada hombre y se sentirá empujado a sacrificarse por la promoción de la paz, de la justicia y de la verdad.
Este mensaje ha sido confiado a los Misioneros de los Sagrados Corazones en virtud de su misión y espiritualidad, y a esto ellos deben tender
"con obras todas de amor", viviendo el
"carisma" de Cayetano Errico.
de: "El carisma de Cayetano Errico" del P. Giuseppe Russo (MM.SS.CC. Cap. 13) |